Nos deja un compañero de fatigas: Antoni Daudé Povill

Estaba tan tranquilamente navegando por internet viendo la web de ajedrezND, cuando he visto de reojo una noticia que me ha sacado de mis casillas, la muerte de Antoni Daude Povill, un habitual desde hace muchos años en los torneos catalanes.

La verdad es que llevaba muchos años sin mantener una larga conversación con él debido sobretodo a que llevo un par de años poco habituado a jugar openes en Cataluña. Alguna vez que asistía como visor a los torneos solía verlo, pero simplemente nos saludábamos ya no era como hace unos años. Ya ni recordaba los muchos ratos que habíamos compartido, simplemente en los torneos catalanes. Pero nada más ver la noticia me han venido a la mente una sucesión de recuerdos que me han dejado un poco hundido. Primero he recordado que hace muy poco nos han dejado dos grandes jugadores catalanes, y sobretodo JÓVENES como son David García Ilundain y Francesc Niubó. Más tarde me ha venido a la mente que en semana Santa, durante la disputa del campeonato de Cataluña absoluto lo vi muy bien físicamente, ya que había perdido muchos kilos y tenía un aspecto mucho mejor y muy joven. Recuerdo que en la última ronda Antoni estaba jugando en uno de los primeros tableros, de los tableros privilegiados, y de repente se levantó y se puso a gritar ¡Otra vez lo mismo! ¡Siempre me pasa lo mismo!. Creo recordar que dijo que se había dejado una pieza y que siempre le pasaba lo mismo en este tipo de competiciones tan importantes. Supongo que le dolía al tratarse de un campeonato tan importante y también quizás porque en esta época no jugaba tantos torneos como en el pasado. Pero al final creo recordar que acabó atracando y acabó en una buena clasificación. Verlo tan lleno de vida en aquél momento, y con mejor aspecto que nunca, y de repente, saber lo ocurrido, hace pensar a uno que no somos nada y que ahora estás en tu máximo y a los dos días se te viene todo encima. Esta es una de las tristezas de la vida pero nos queda el recuerdo de una persona que con su presencia y con su actitud ha hecho grande el ajedrez catalán porque sin un personaje de este estilo, el ajedrez no podría subsistir.

Conocí a Antoni hace unos años cuando los dos disputábamos muchos torneos catalanes, compitiendo por ser los jugadores catalanes con más partidas en lista. No recuerdo muy bien como fue, pero cuando empezaba a subir él se acercó a mi en un open y se presentó, pese a tener mucho más nivel que yo en aquél momento, y desde entonces nos hicimos muy amigos dentro de los torneos y solíamos coincidir en muchos de ellos en los cuales comentábamos muchas partidas y los pasábamos muy bien. Eran años de disfrute total y la verdad que da mucho ánimo y ayuda mucho que en un deporte tan solitario y silencioso, cuando alguien está subiendo y no conoces a personas en este mundillo, que venga gente de este tipo a ser tu amiga y a animarte para que sigas jugando a este bello deporte. Y no sólo fue conmigo porque él tenía muchos amigos en los torneos y trataba bien y respetaba a todo el mundo independientemente del elo. Sí, es cierto que en algún torneo se retiró por empezar muy mal, pero nunca perdiendo los modales y siempre comentando por educación con su rival los momentos más interesantes de la partida.

Ajedrecisticamente era un jugador que jugaba a por todas contra cualquier oponente y que, como me dijo una vez otra compañero del tablero, un jugador muy creativo capaz de hacer contra cualquiera una combinación increíble y vencer a jugadores fortísimos.

Pero por encima de todo, y a modo de conclusión, quiero destacar que Antoni Daude representa el aficionado medio que hace grande nuestro deporte, ese jugador que mantiene los torneos y que llena a otros jugadores de ilusión para continuar con este deporte. Un jugador que hace a este deporte menos aburrido y que también hacía más interesante los torneos porque luchaba siempre por dar la sorpresa. Su ilusión debe servir a otras personas para seguir su ejemplo , el ejemplo de divertirse jugando, siendo fiel a su estilo y siempre con la ambición de hacer cosas grandes pero manteniendo una humildad. Sin este tipo de jugador, que los hay muy pocos, quizás el ajedrez en Cataluña, y en concreto los torneos catalanes no serían posibles y acabarían por extinguirse.

Desde aquí también lanzo mis condolencias a su familia y a sus amigos, porque seguro que a ellos también les iluminó y les dio sentido a su existencia, como en mi caso le dio sentido a mi existencia en el tablero ya que sin jugadores de este estilo no sé si hubiese tenido sentido seguir jugando al ajedrez. Aunque se haya ido, su recuerdo como jugador habitual de torneos persistirá en nuestras mentes y de esa forma nunca nos abandonará a los que hemos tenido la suerte de conocerlo.

José Manuel López Martínez

 

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