Antonio Medina EL DECANO DEL AJEDREZ EN ESPAÑA

Foto de Miguel Ángel Nepomuceno

Antonio Ángel Medina García, ajedrecista, nació el 2 de octubre de 1919 en Barcelona, ciudad donde falleció el 31 de octubre de 2003.

Si el ajedrez ha alcanzado reconocimiento como un deporte de caballeros, se debe principalmente a figuras como la de Antonio Medina. Este ilustre Maestro Internacional, siete veces campeón de España, ha dejado impronta en la historia del juego por su modestia, deportividad y honradez, cualidades que le valieron el respeto unánime incluso por parte de quienes fueron sus rivales frente al tablero. O, especialmente, por parte de ellos.

Nacido en Barcelona en 1919, “es catalán, pero no ejerce. Ha conocido demasiados países, demasiadas ciudades, demasiados hoteles, demasiadas personas. Tiene cierto aire de galán de los años veinte, espíritu caballeresco del medievo y pasión por las novelas policiacas”, dice de él uno de sus biógrafos, Pablo Morán. Su elegancia, su porte distinguido y su señorial bigote eran los rasgos más característicos de Medina, persona discretísima por todo lo demás.

Habiendo aprendido a jugar al ajedrez relativamente tarde, a los 14 años, emprendió estudios de Química, que se vieron interrumpidos a causa de la guerra civil. Se dio la circunstancia de que Medina fue obligado a formar como soldado en ambos ejércitos, primero en un bando y luego en el otro. Pese a esto, siempre fue tratado con deferencia por sus oficiales, gracias en parte al respeto que les inspiraba su categoría como ajedrecista, que ya era notoria en aquella época.

Fue al terminar el conflicto cuando Medina se entregó por completo al ajedrez, principalmente por necesidad. La guerra había dejado su hogar sumido en la precariedad, y aunque Antonio no carecía de otros talentos, resultó ser con este deporte con lo que encontró un medio para ganarse el sustento. Vocación y necesidad se vieron así unidas.

Sin embargo, pronto se encontró con obstáculos que le impidieron explotar todo su potencial. Durante el franquismo, se vio afectado por el boicot que la Federación Soviética impuso en contra de los jugadores españoles, y esto le privó de innumerables oportunidades de disputar torneos en el extranjero. Por otro lado, su mejor momento coincidió en el tiempo con el fenómeno de Arturito Pomar, el niño prodigio del ajedrez, que muy pronto acaparó todo el protagonismo y las atenciones del régimen.

A pesar de ello, Medina, entre 1944 y 1964, consiguió nada menos que siete títulos de Campeón de España, tres de Campeón de Venezuela (país durante residió durante casi una década), y uno de Campeón de los Estados Unidos (torneo “Open”). También se coronó Campeón de los juegos del Caribe en 1954, y participó en las Olimpiadas de Tel-Aviv (1964), La Habana (1966), Lugano (1968), Siegen (1970), y Skopje (1972).

Galardonado con la medalla de Plata al Mérito Deportivo por el Consejo Superior de Deportes, Medina podría haber presumido también -si él presumiera- de haberse enfrentado a todos los Campeones del Mundo desde Alexander Alekhine hasta Bobby Fischer, a quien derrotó en varias ocasiones en partidas rápidas.

Con él se va gran parte de la memoria del ajedrez en nuestro país.

David Llada

Señor Medina:

Mi modesto nivel de juego y la diferencia de edad no me permitieron conocerle más a fondo, pero si que disputé varios torneos en los que arbitraba Usted y la verdad es que no he conocido nadie que le supere en este aspecto. Discreto, pero enérgico; siempre pasando desapercibido como ha de ser un buen árbitro. Ojalá las nuevas generaciones del arbitraje le tomen como modelo. Buen viaje Señor Medina.

Javier Robla, licencia catalana nº 3416

Antonio Medina ha sido desde muy joven una gran figura del ajedrez. A la vez de ser un jugador de respetable categoría (Maestro Internacional), ejerció como Árbitro Internacional, faceta en la que tuvo un reconocido prestigio llegando a arbitrar diferentes pruebas del campeonato mundial siempre con una gran elegancia. Dedicó su vida al ajedrez, y fue socio del Club de Ajedrez Barcelona durante muchísimos años hasta el fin de sus días. Desde el Barcelona-Vulcà lo recordamos como todo un caballero, pues era de esta forma como arbitraba y jugaba, siempre con una actitud y un respeto al rival correctísimos. No podremos olvidar aquellas anécdotas que gustosamente escuchábamos en las cenas en las que él estaba presente.

En el ámbito del ajedrez siempre ha sido un amante del juego abierto i de combinación. Mejor táctico que estratega, como muy bien le adjudicó el propio Botvínnik.

Fue un practicante de les aperturas de peón de rey, i entre ellas quizás su favorita la apertura Española; aunque en sus primeros tiempos también había practicado una serie de gambitos como el de Rey, el Evans i el contragambito Albin con negras. Con negras las piezas negras jugó mucho la defensa Ortodoxa i también la India de Rey.

Antonio Medina tuvo el privilegio de enfrentarse a los más relevantes jugadores del mundo, como Alekhine, Euwe, Botvinnik , Tahl, Smyslov, Petrosian , Spassky i a los que sigue una larga lista de figuras.

El “currículo vitae” de Medina fue impresionante: -Tres veces Campeón de Cataluña: 1947, 1949 i 1950. -Set veces Capeón de España: 1944, 1945, 1947, 1949, 1952, 1963 i 1964. -Tres veces Campeón de Venezuela: 1955, 1956 i 1958. -Una vez Campeón de los “Juegos del Caribe”: 1954. -Una vez Campeón del Open de Estados Unidos de Norteamérica: 1962.

Excepto cuando se encontraba en Venezuela, siempre representó a España en el Equipo Nacional, con muy buenas actuaciones. Consiguió numerosos premios de belleza i batió a los mejores jugadores de la orbe, entre ellos los exCampeones Mundiales Alekhine i Euwe. No publicó ningún libro, pero si interesantísimos artículos en revistas españolas y venezolanas, que lo acreditaban como un comentarista de primera línea.

En sus últimos años, sólo jugaba el torneo por equipos de Cataluña en el primer equipo del Barcelona-Vulcà.

Antonio, tus compañeros del Barcelona-Vulcà siempre te recordaremos.

Juanma Sánchez

ANTONIO MEDINA, AJEDRECISTA

Si alguien sirve para ilustrar la conveniencia de jugar al ajedrez como prevención del mal de Alzheimer, ése era Antonio Medina. 

Falleció con 84 años recién cumplidos y más lucidez mental que muchos jóvenes. Es una de esas muertes que te dejan un profundo dolor a pesar de que sabías que podía ocurrir en cualquier momento. 

El dolor se debe, entre otras razones, a que Antonio era, además de un gran ajedrecista, uno de los hombres más cultos que he conocido, y un ser de bondad excepcional. Si ibas con él al cine, por ejemplo, te daba una conferencia previa en el taxi sobre el director y los actores. Ya sentados en las butacas, durante los anuncios con luz mortecina, Antonio sacaba el tablero de bolsillo y te mostraba su partida más reciente, sin perder ni un segundo. De vuelta al hotel, hacía una crítica rigurosa de la película y aprovechaba alguna de sus secuencias para recordar acontecimientos históricos y obras literarias con una precisión asombrosa. 

Pero quede claro que el ajedrez era la mayor de sus pasiones. Cada vez que terminaba una partida de torneo, ganara o perdiese, invitaba al rival a analizarla con él, y después seguía con esa disección sólo, durante la cena, con el tablero de bolsillo al lado del plato. No era, ni mucho menos, un maníaco; simplemente buscaba la verdad y la belleza. 

Su palmarés no cabe aquí, o sea que resumo: siete veces campeón de España y tres de Venezuela (adonde emigró en la posguerra para regresar en los años sesenta), ganador del Open de EEUU en el 62 y de un montón de torneos en Europa, América y África; disputó cinco Olimpiadas de ajedrez con España; y entre sus victorias sobresalen dos sobre campeones del mundo, el ruso-francés Alexánder Aliojin y el holandés Max Euwe. Luego se convirtió en uno de los árbitros más prestigiosos, y fue el juez de las semifinales del Mundial de 1983, entre otras muchas actuaciones. 

El también difunto Pablo Morán, en su libro 'Campeones y Campeonatos de España' (Editorial Aguilera), glosa de forma muy acertada a este entrañable intelectual: "De haber vivido en otra época, Medina hubiera sido trovador o espadachín, o hubiera convencido a Sócrates de que no se tomase la cicuta, habiendo en el mundo tantas hermosas mujeres que admirar y adversarios que batir en el tablero". Morán añade que si se hubiese prohibido el ajedrez, Medina habría tomado la cicuta, pero yo disiento: su vida era tan intensa y polifacética que hubiera merecido vivir 200 años. Entre otras cosas, para rodar un anuncio de prevención del Alzheimer. 

LEONTXO GARCÍA.

Gracias, Sr Antonio
 
   No se escribir bien, y a la hora de hablar de los que ya no están (Los muertos )no es mi idea caer en el elogio fácil y tópico del "que bueno que era" o "que gran persona",etc. No tengo necesidad de hacer declaraciones para televisión, nadie me las va a pedir. Pero aunque a veces nos suenen hipócritas estos espectáculos "media", visto de una manera optimista, la muerte no es más que una despedida, y una buena excusa para recordar buenos momentos que nos ha regalado el destino con personas en algunos casos excepcionales.
  Compartí muchas tardes en el club con el Maestro Antonio Medina, y al margen de su nivel ajedrecístico que le venía de unos tiempos en los que uno o dos libros de ajedrez constituían toda una biblioteca, fue la primera vez que vi a un auténtico campeón (su curriculum ya lo quisieran para sí más de algún fantasma actual) bajar a la Tierra y dejarse tratar por los mortales. Nunca le vi hacer un desaire a cualquier aficionado, del nivel que fuera, siempre dispuesto a aclarar dudas sobre variantes, partidas, posiciones,....Le gustaba al ajedrez,(en eso, él distinguía a Capablanca, del que decía que le interesaban más el tenis o las "Damas" o a Alekine, que identificaba más con un apasionado del juego como él mismo) y no le importaba compartir su pasión y sus conocimientos con cualquiera. Me he decidido a escribir estas letras, porque no creo que nadie vuelva a ganar tantas veces el campeonato de España como él, y la gente que no lo tuvo tan cerca, debe saber que era una persona sencilla en el sentido real de la palabra, quizás porque alguien con tantas partidas en su haber, sabía que ganar o perder son caras de la misma moneda. Todo un lujo y un privilegio, desde aquí mi agradecimiento sincero, y si todo eso del cielo y el infierno es un cuento y él no va a leer esto nunca, que tomen nota la gente con talento de las nuevas generaciones, y los jugadores en general, y que se sepa que no es imposible ser un fuera de serie, y seguir manteniendo con los demás mortales una relación de igualdad y respeto.
  Para acabar, una respuesta que no he olvidado desde que me la dijo hará ahora ya mas de 20 años:
-- " Señor Medina, que se puede hacer cuando se pierde una partida??
--Puedes hacer 2 cosas ,o bien:
--A otra cosa Mariposa ,o bien:
--Mañana será otro día"
  Fue así, y aún cuando lo recuerdo me impresiona, los que casi no pierden, saben como hacerlo, y los que no hacemos otra cosa, nos lo tienen que explicar. Lo dicho, una suerte haberlo conocido, hasta siempre
 
Xavier Castañer

 

 

 

 

 

 

  

  


 

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