¡CUIDEMOS NUESTRO AJEDREZ!

Alguna vez los hombres tuvieron que ser semi-dioses; si no, no hubieran inventado el Ajedrez.

Alexander Alekhine

Desde su surgimiento hace más de tres siglos hasta nuestros días, el Ajedrez es uno solo; desde que al final de la Edad Media recibió su denominación actual, hasta comienzos del siglo XXI, el Ajedrez ha sido el mismo; No obstante las variaciones en sus leyes, figuras y reglamentos, el Ajedrez ha seguido siendo único para regocijo de sus amantes.

El Ajedrez tiene una sola Historia; se practica en el Norte y en el Sur, en el cosmos, en la lejana Siberia y en el pobre Haití. Es el Ajedrez solemne del Torneo de Linares y el que jugamos de hobby en un avión, en un parque o en una hermosa playa caribeña.

Es el que jugó Alejandro Magno en Macedonia y Napoleón en Santa Elena. El de los escritores W. Shakespeare, J. W. Goethe y L. Tolstoi; el que tuvo entre sus aficionados al Papa León XIII y a Juan Pablo Segundo. Es el Ajedrez musical de F. Mendelssohn, S. Prokofiev y R. Schumann; de científicos como A. Einstein y J. R Oppenheimer o de políticos como A. Lincoln, M. Robespierre y Fidel Castro.

Es el mismo Ajedrez de los españoles Alfonso X el Sabio, Lucena y Ruy López de Segura; el del Greco el Calabrés, el árabe Stamma, el francés Philidor y del norteamericano Morphy, todos precursores del Ajedrez en diferentes épocas y dignos representantes terrenales de la Diosa Caissa.

Es el mismo Ajedrez que reconoció a Steinitz como primer Campeón Mundial oficial, el que nos legó a Lasker como el gran luchador dentro del tablero, al artista Alekhine y al extraordinario Botvinnik; es el Ajedrez que permitió las combinaciones de Thal, la solidez de Petrosian y la caballerosidad de Spasski. Es el Ajedrez que se engalana con las partidas de Fischer, Karpov y Anand y que llevó a su cúspide al insuperable Kasparov.

Es el Ajedrez que motivó a Capablanca a los 4 años de edad, el que practica Smislov a los 84 o el que destaca a Korchnoi con 74 años. Es el mismo Ajedrez que ha visto transcurrir generaciones y generaciones de Maestros distinguidos, aficionados apasionados y directivos capaces de haber elevado al Noble Juego a la inmortalidad.

El Ajedrez es uno solo, con muchos más dones que pecados, con una luz que cautiva a

católicos y musulmanes, budistas, confucionistas y taoístas, hinduistas y yorubas; Es el Ajedrez de los ricos y poderosos, el de los miserables desclazados, en fin, el que practican millones de habitantes en la Aldea Global donde la Humanidad son sus ciudadanos.

Es el Ajedrez que admiramos cuando conocemos sus aportes al desarrollo deportivo y cultural de la Humanidad, cuando vemos su contribución a la formación integral del Ser Humano y a la Sociedad. Aplaudimos cuando comprendemos que entre sus próximas encomiendas es consolidarse como un paradigma para la investigación científica sobre estrategias de interacción y búsqueda de la toma de decisiones óptimas y en el manejo de variables para alcanzar las mejores opciones en diferentes ramas de la Economía.

Celebramos cuando apreciamos la creciente importancia que ha tomado el Juego Ciencia en la vida moderna, cada vez más inter-relacionado con el desarrollo tecnológico actual. Vemos como se multiplica su esfera de influencia en la Educación, la Pedagogía, la Cultura, la Cibernética, la Psicología, en la Economía y hasta en la Política. Su prestigio e importancia crece por día entre profesionales y políticos, artistas y gente común, entre altos ejecutivos y personas de condición económica humilde.

Nos alegramos cuando distinguimos una actividad ajedrecística donde participan 13,000 personas a la vez –Simultánea de Ajedrez en Santa Clara, Cuba/2004-, o cuando vemos el proyecto de construir una Ciudad del Ajedrez en Dubai; nos admiramos al ver a Kasparov enfrentarse a super-computadoras, o la solidaridad mostrada por el mundo del Ajedrez ante los incidentes relacionados con Bobby Fischer en Japón. Asimismo, cuando constatamos la potencialidad de los niños Grandes Maestros S. Karjakin y M. Carlsen, o conocemos la carrera ajedrecística de las hermanas Polgar, por sólo mencionar algunos hechos importantes que engrandecen y realzan al Noble Juego.

Sin embargo, por ser el Ajedrez el mismo, uno solo, que no pertenece a nadie en particular, que es de todos los que lo practican dignamente en Moscú, Tokio, Luanda o Santo Domingo, es que debemos cuidarlo para evitar que en su nombre se realicen acciones que le restan importancia, prestigio y nobleza.

Debemos cuidarlo de las Federaciones que creen ser su dueño y tratan de limitarlo dentro de absurdas fronteras, sin darse cuenta que eso constituye una tarea mediocre que lo aísla de una Civilización que ha reconocido su universalidad.

Debemos cuidarlo de los Federativos que en lugar del servir al Ajedrez se sirven del Ajedrez.

Debemos cuidarlo de los Arbitros que impunemente toman decisiones arbitrarias, parcializadas y deshonestas.

Debemos cuidarlo de los jugadores indisciplinados, que carecen de caballerosidad, ética deportiva y profesionalidad.

Debemos cuidarlo de los Entrenadores sin alumnos ni discípulos y que son sólo unos mercaderes del Ajedrez.

Debemos cuidarlo de los organizadores de Torneos fantasmas que buscan favorecer algún buen postor.

Por suerte para sus adeptos en cualquier rincón del mundo, el Ajedrez es una actividad que brilla con luz propia y deja en la sombra a los personajillos que le ocasionan daños y que el mismo, cuidado por la gran mayoría de sus fieles seguidores, seguirá su rumbo al futuro como una maravillosa creación del ingenio humano con virtudes tan innumerables como los granos de arena de un desierto.

Nelson Pinal Borges, MI

Santo Domingo, 28/05/05

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  


 

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