OPEN DE SANTS, HOSTAFRANCS I LA BORDETA: ALGUNAS CONSIDERACIONES.


Hace poco más de 4 años que, sin otra motivación que adentrarme en el fascinante mundo del Ajedrez y conocer cada vez mejor los entresijos de un juego que me fascina, comencé mi andadura en el mundo de los Torneos de Ajedrez. Mi primera aventura en un Open Internacional fue en diciembre de 2003, el Open Internacional d’Escacs de Sants, de partidas semirápidas. Quedé tan impresionado por la gran afición que existe en Barcelona al Ajedrez, que me prometí a mi mismo que a la primera ocasión que tuviera volvería, para jugar de nuevo en el impresionante marco del Auditorio de las Cocheras de Sants, y para enriquecerme de la experiencia que supone compartir con tantos aficionados y maestros, de las batallas que se libran sobre las 64 casillas.
Mi siguiente oportunidad fue en agosto de 2004, la VI Edición del Open de Sants, de partidas de ritmo lento. Esta experiencia ya sí que me cautivo; más de 400 participantes, que comenzaban a hacer de este Open un clásico, no sólo en el panorama nacional, sino también en el ámbito internacional. Por motivos de trabajo, no pude repetir en años sucesivos, hasta el presente año, en que de nuevo, con toda la ilusión del mundo, y habiendo mejorado algo (pero no demasiado) mis conocimientos ajedrecísticos, me embarqué de nuevo a la aventura de disputar este magnífico “MacroOpen” d’ Escacs.
Mi ilusión era tal al llegar que el primer día esperé hasta que acabaron todas las partidas, para maravillarme de la escena: infinidad de tableros preparados en el Auditorio casi vacío, esperando al día siguiente para que en ellos se libraran de nuevo luchas encarnizadas. Hasta compartí mi admiración con alguno de los miembros de la Organización, que hasta ya entrada la madrugada, aún estaban allí comprobando hasta el último detalle, para que todo funcionara correctamente, como corresponde a un evento de tal magnitud. Mi más sincera felicitación por ello, a todos, por su enorme esfuerzo y profesionalidad.
Bueno, ¿a todos? Lamentablemente, no. Me explicaré: ya desde la 1ª ronda, por cuestiones de rating, y debido a que mi nivel ajedrecístico aún deja mucho que desear, me correspondió jugar en el Altell (planta superior de un edificio anexo al Auditorio, para aquellos que no conozcan las instalaciones), lugar en el que se jugaban los últimos tableros del Grupo A. Una sala más modesta, pero con unas condiciones igualmente adecuadas para jugar una partida de ajedrez, aire acondicionado, etc. Todo correcto…hasta la ronda 3. En una posición compleja, me encontraba con peón de menos, luchando contra una joven promesa del Ajedrez catalán, que trataba de hacer valer su ventaja; yo enfrascado en mi reflexión, y con 1 minuto en el reloj (apunto el tiempo restante siempre para tener constancia de ello “a posteriori”), de repente se produce un intercambio de 2 o 3 jugadas rápidas entre mi rival y yo, que suelen ser valiosas para ganar algunos segundos en mi reloj, aunque era consciente de que mi posición era difícil de salvar. Y ahí entra en juego el personaje de la historia, o personajillo con afán de protagonismo, quizás sea más exacto. Disponiéndome a apuntar las jugadas en la planillas que se hicieron a gran velocidad, y en mi tiempo de reflexión, se dirige hacia mí, el árbitro que cubría los tableros del Altell, diciéndome:” Tienes que apuntar las jugadas”, “Si, claro”, contesté, pues me disponía a hacerlo en ese momento, ya que estaba con bolígrafo en mano. Por cierto, mi rival tampoco había apuntado aún dichas jugadas, y disponía de más tiempo y de ventaja en la posición. No di importancia alguna a esta situación.
Ronda 4: a falta de pocas jugadas para el control de la jugada 40, en posición compleja, todo aún por decidir, y yo de nuevo en mis repetidos apuros de tiempo. En ese momento, casi todas las partidas habían finalizado ya en el Altell, y aquí ya si fui mucho más consciente de la actuación de este señor, de pelo cano, con gafas y bigote, (cuyo nombre no tengo el disgusto de conocer) que supuestamente estuvo en la sala de juego para asistir a los jugadores, en calidad de árbitro. Su actuación fue la siguiente: en mi tiempo de reflexión nuevamente se puso a arrastrar las sillas ubicadas a mi lado, hablando justo al lado mía en voz alta con otros jugadores u observadores, sin ningún reparo en que podía ocasionar molestias no sólo a mí, sino al resto de jugadores que aún luchábamos en nuestras partidas. Lamentable.
Ronda 6: estando en un final con escasas posibilidades de salvación para mi, mi rival mueve su peón a octava, y sin colocar la pieza de promoción pulsa el reloj; el sr. Árbitro se encontraba sentado enfrente de mí, a la derecha de mi rival, presenciando la situación, le miro esperando su actuación correspondiente, y se queda impasible. Miro el tablero de nuevo, mi rival corona en dama en mi tiempo, vuelvo a mirar al ¿árbitro? Y, se produce ante mí una desconcertante situación, ¡¡el árbitro se hace el “dormido”!!, con la misma pose, pero con los ojos cerrados, durante el tiempo suficiente para darme cuenta de que no iba a hacer nada al respecto. Su explicación posterior al respecto, textualmente me comenta: “Es que estabas ya perdido”. Muy profesional.
Después de algunas actuaciones suyas bañadas en una falta de profesionalidad absoluta, que presencié durante rondas posteriores(como añadir los 30 minutos al reloj de 2 contrincantes, varias jugadas antes de que ambos llegaran al control de la jugada 40; si ellos lo leen saben de lo que estoy hablando), para resolver una situación de jugada ilegal que se produjo en una partida, y algunas cosas más que presencié, que me hicieron sentir vergüenza ajena, llegamos a la ronda 9.
Ronda 9: jugaba con blancas, tanto mi contrincante como yo acercándonos al control de la jugada 40, yo buscando una forma de hacer valer mi ventaja, que ya era importante. En este momento, veo que estando en pleno tiempo de reflexión, hay una situación a resolver con el reloj de los jugadores que estaban a mi derecha. Se acerca este personajillo, supuestamente árbitro, dirige una mirada hacia mi persona, y se pone a hablar en voz alta para tratar de explicar la solución que proponía (una chapuza de nuevo), algo para mi inaudito: si este señor fuera un árbitro de verdad, jamás hubiera tenido esta actuación. Para rematar la faena, cuando ya “soluciona” el problema del reloj de los jugadores situados a la derecha del mío, se pone a charlar (¿adivinan cómo? Sí, en voz alta) con algunos conocidos, durante un buen rato, el suficiente como para asegurarse de que ha generado la molestia necesaria. De paso, a pocos centímetros de él, y en los tableros que estaban ya vacíos de partidas concluidas, algunas personas movían piezas comentando jugadas, de nuevo altisonantes, con el beneplácito, del triste personajillo con bigote de esta triste historia
Una vez finalizada mi partida, en tablas, aunque el resultado es lo de menos ya, me dirigí a él, comentándole que no comprendía su actuación. Me replicó que el actúa en el lugar donde se le necesita (Pregunto: ¿pero en voz alta?). Finalicé la conversación diciéndole : “Jamás he visto algo así en un torneo” y comentándole que iba a presentar una reclamación (mi intención es que esta carta haga las veces de ello), y para colmo, cuando estaba bajando las escaleras, y gritándome, me respondió: “¡¡Pues pónmela!! ¡¡¡Pónme la reclamación!!! Impresentable. Es obvio que era consciente de su culpabilidad, pues de lo contrario, no hubiera tenido este tipo de respuesta alterada. Hay varios testigos de esta situación.
Quienes me conocen saben que jamás he tenido conflicto alguno con un rival, y trato por todos los medios de poner mi granito de arena para que el Ajedrez, nuestro querido juego-arte-ciencia, sea un juego de lucha y de caballeros. Los que no me conozcan, pueden pensar que esta misiva es un simple “pataleo” por mi mala actuación. Han de saber que no llevo otra expectativa cuando juego un torneo que disfrutar de él y aprender. Vengo de jugar un Open igualmente fuerte del circuito catalán, en el grupo A del Open Int. De Banyoles, del cual sólo tengo elogios en todos los sentidos; y mi puntuación ha sido la misma, 2.5 de 9. Sí, de 9 partidas. Tristemente, la ronda 10 no he tenido el ánimo suficiente para ir a jugarla. Desde estas líneas, de todo corazón, pido disculpas a mi rival por no haber aparecido, pero he venido desde Sevilla para jugar al ajedrez, y lo único que pido es sentirme cómodo jugando, disfrutar de nuestro maravilloso juego, y no a estar molesto, porque una persona no sabe cuál debe ser su actuación.
Aprovecho de nuevo para felicitar a la Organización de este gran Open, que cada año bate records de participación, pero espero que corrijan los errores, para hacer de él cada vez más un referente del panorama ajedrecístico. Gracias por la atención y saludos.

Rafael Prieto

Estimados amigos de ajedrez, por la presente me permito añadir al título del editorial que

"¡Cada año Sants será una mayor fiesta!"

Todos mis amigos y compañeros del club de ajedrez, al cual pertenezco, saben que "mi corazón late en Sants". Habiendo repasado varias veces el articulo "Open de Sants - algunas consideraciones" estoy notando, a parte de los grandes y justificados elogios sobre el mayor torneo de ajedrez de España y su organización, que comparto enteramente, nuevamente las preocupaciones por la actitud de unas personas que acompañan las competiciones. A quienes lo digo, que durante el torneo ya tenemos bastante trabajo y una dedicación absoluta a nuestras partidas para luchar contra nuestros excelentes adversarios, bien sean las jovenes promesas o sean mayores como un abuelo de mi edad o superior. Durante nuestras partidas, estamos sumergidos en una máxima concentración, tensión y dedicación para jugar un pizca mejor que el otro para no perder o al menos empatar o mejor todavía ganar. Sin embargo, algunos que deben vigilar el buen desarrollo de las partidas no deberán haber comprendido suficientemente todavía que existen tres componentes importantes en sus valoraciones que son: 1. la reglamentación, 2. la interpretación y 3. la aplicación. Siempre se debe entender, que los jugadores van con la máxima ilusión a un torneo de estas dimensiones y categorías, pero no puede ser, que nos quiten esta alegría e incluso a algunos perjudiquen la salud por no ser tan robustos. ¡Estos Señores deben ver en nosotros los amigos de un juego transparente y correcto! Solamente advierto prudentemente, si continuaremos con unos incidentes desagradables, pero aislados, que contagian a una buena parte de la comunidad, ya no tendré que ser un visionario (inspirado por un Campeón de Ajedrez) que dice:

"En los torneos del futuro, habrá un árbitro por cada jugador, controlando en todo momento que no use el móvil (o el implante cerebral), que no hable con sus amigos, que no tome más de dos cafés, que no vaya al lavabo más de lo estrictamente necesario (llevará un kit médico para estas cuestiones), y sobre todo que no lleve sandalias con calcetines debajo de la escafandra".

Saludos ajedrecistas Frank Mayer

 

 

 

 

  


 

 

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