Emil Joseph Diemer
 
 
El señor Mayer nos brinda nuevamente en su artículo “un regalo de Navidad” una prueba de sus impagables conocimientos históricos, al tener la amabilidad de traducirnos unos extractos autobiografícos de Emil Joseph Diemer, sacados probablemente del “Europa-Rochade”. Diemer es una figura muy discutida como jugador y no voy a meterme yo ahora en esos berenjenales, pero como la aportación del por todos estimado señor Mayer se publica bajo la rúbrica “ajedrez y cultura” y, además, parece tratarse de una aproximación biográfica, me gustaría hacer un par de precisiones dando unos datos que, a buen seguro, el señor Mayer ha olvidado involuntariamente y arrojan una interesante luz sobre la personalidad de Diemer. Al margen de que la autobiografía de Diemer, como la de tantos otros europeos de pasado algo más que turbio, esté trufada de inexactitudes y mistificaciones (por decirlo de modo suave), creo que es de justicia mencionar el hecho de que el héroe de señor Mayer perteneció al NSDAP, concretamente desde el 24 de septiembre del 1931, militancia que abandonó por causas de fuerza mayor a partir de mayo de 1945. Emil Joseph Diemer fue un nazi entusiasta, que intentó sin éxito formar parte de las SA y cuyo más que evidente desequilibrio mental dio con sus huesos en un manicomio a mediados de los años 60. Algunas de las perlas que el señor Diemer escribiera en los años 40 sobre el “débil y cobarde ajedrez judío” pueden encontrarse en la red. Por lo demás, si a alguien le interesa la figura de Emil Joseph Diemer desde una perspectiva algo más rigurosa, puedo recomendar, en el número 1/2007 de la revista “Karl”, el excelente artículo de Michael Negele y la magnífica semblanza biográfica que J.H.Donner hace en su libro “The king”. El capítulo lleva por título “The prophet from Muggensturm”. Para un acercamiento más técnico a la validez de su gambito, se puede sonsultar el número de enero-marzo de 1998 de la revista “Kaissiber”, que tan bien edita el IM Stefan Bücker. Visto lo visto y siguiendo a Castoriadis, más que en “Ajedrez y cultura”, Diemer encontraría su lugar adecuado en “Ajedrez y barbarie”.
 
A. Fernández-Egea

Emil-Joseph Diemer
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Estimado Sr. Fernandez-Egea,
a pesar de encontrarme actualmente en Londres, he leido su comentario sobre la vida historica de Emil-Joseph Diemer. No dudo sus conocimientos sobre Diemer.
Mi intencion fue de escribir "un articulo de Navidad" sin entrar en las "manchas negras de la vida" de un jugador ya difunto. Es sumamente dificil de componer un texto de Navidad en relacion con el ajedrez. Como habra visto, he indicado la fuente literaria para ese texto.
Quizas no tengamos la misma filosofia de la vida.
Mi impresion es, de que Ud. ve siempre el vaso semi-vacio, mientras tanto yo lo veo medio-lleno.
Esta es la diferencia.
Saludos festivos Frank Mayer
P.D. Pido perdon por la falta de los acentos, pero el teclado ingles no los tiene para escsribir correctamente en castellano.

Supongo que el amigo Fernández-Egea, a quien saludo cordialmente, se basta y se sobra para responder adecuadamente al distinguido inmigrante de raza aria y contumaz plagiario - de quien cometí el error de ser cómplice por inadvertencia - Frank Mayer. Por mi parte, sólo dos pequeñas apostillas:

1) En efecto, es difícil componer un texto de Navidad en relación con el ajedrez. Pero hacer apología de un nazi no es la mejor vía para superar esta dificultad.

2) En efecto, las filosofías de la vida pueden y suelen ser distintas. Me enorgullezco de tener una filosofía de la vida opuesta a la del señor Frank Mayer.

Vale, Josep Arias Velasco

La vida de Emil-Joseph Diemer

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Nuevamente he mirado por curiosidad la sección de "Debates" en AjedrezND, a pesar de ser la Noche Buena. Pero ocurre, que le cena y la entrega de los regalos navideños se retrasa.

Alguien me debe explicar, como se puede deducir de mi articulo de Navidad, que estoy elevando a Diemer como héroe.

Quien lo define así, debe ser una persona de mala intención.

Que me digan que sea un plagiario, se contrasta con la opinión de varios expertos que dicen, mientras tanto se cita la fuente, no es un plagiario. Además suelo modificar y adornar el texto suficientemente para que no me pueden echar a la cara este argumento tan rebuscado.

Solo para la curiosidad de los lectores indico, que el actual Papa Benedicto XVI fue en el año 1945 también un joven hitleriano - por obligación, si no le hubieran metido en la cárcel o sometido a una mayor pena.

La tarea del actual Santo Padre en aquel ano fue de figurar como auxiliar de 14 o 15 anos en un uniforme militar para defender la fabrica de motores BMW a pie de una batería antiaérea.

Por supuesto, la prensa sensacionalista inglesa se hizo gustosamente eco de este hecho histórico.

Por cierto, el pasado "nazi" de Diemer no lo conocía.

Pero si vamos a investigar la vida privada de todos los grandes jugadores de ajedrez (p.e. Alekhine), perderíamos mucha ilusión en la historia del ajedrez.

Saludos festivos Frank Mayer

Apostilla sobre E.J.Diemer o Gutmayer y el bueno de Mayer

Estimado señor Mayer, no es en absoluto mi intención polemizar con usted y aún menos en nochebuena, entre otras cosas porque no dudo de que saldría perdiendo en todos los sentidos, pero permítame un par de apostillas a su último escrito. Tiene usted toda la razón en lo que dice y estoy seguro de que le ha costado mucho componer esas líneas. Mi intención era, y es, completar la información que usted generosamente nos ofrecía con algunos datos que, desde mi “vaso semi-vacío (sic)”, me parecían de relevancia. En efecto, para mi, ser miembro del NSDAP desde dos años antes de la llegada del tio Adolfo al poder y hasta el final de la guerra y escribir acerca del “ajedrez judío”, como hizo Diemer, no puede despacharse como “una mancha negra en la vida de un jugador ya difunto” (¿y qué si ya está difunto, le excusa eso en algo?) Y aún menos puede obviarse este hecho cuando se escribe o traduce una nota biográfica. Estoy seguro de que, para mucha gente en el ámbito cultural de habla hispana, Emil Joseph Diemer es casi un desconocido. Sólo esta razón bastaría para, desde unsentido de la responsabilidad elemental, tratar de ofrecer un retrato mínimamente acurado de su compleja personalidad. Se puede decir, por ejemplo, que era muy joven cuando entró en el partido, si se quiere “mitigar” el efecto del dato, pero no se debe, desde mi “vaso medio-vacio”, insisto, dejar de mencionarlo.

Luego está el tema Franz Gutmayer. No quise mencionarlo en mi primer e-mail pero, ya que usted se ha tomado la molestia de contestarme, trataré yo de decir ahora lo que me privé de decir antes. El señor Gutmayer, del que usted nos ofrece una foto muy aparente, tampoco está libre -¡Oh, destino nefando!- de lo que usted denomina “mancha negra”. Gutmayer fue un racista antisemita de la peor especie que propagaba su odio con saña pseudocientífica. Sobre las “opiniones” de Gutmayer puede usted informarse cumplidamente en internet. Espero y confío que le escandalicen. Richard Reti le dedica un capítulo antológico en sus “Nuevas ideas en ajedrez” dónde, de manera elegante, viene a llamarle acémila. Es incluso posible que todo el libro sea una respuesta a los libros de Gutmayer, en cuyo éxito veía Reti una prueba de la decadencia social de la época. En esto, como en tantas otras cosas, el genial judío tenía razón.

Siento haberme extendido más de lo previsto, aún se me quedan un par de cosas en el tintero pero ya están sirviendo el conejo de navidad, nueva tradición española que ya le explicaré en otro momento, y usted, que es a buen seguro todo un caballero, sabrá disculparme, pero comprenderá que no quiera que a mi anfitriona se le enfríe el conejo…

Feliz Navidad Señor Mayer und guten Rutsch!

A. Fernández-Egea

Emil-Joseph DIEMER

Estimados amigos de ajedrez, una vez vuelto de Londres me permito informaros, que he conversado con mi nieta Carlotta de dos meses sobre el rollo que se pegaron los Sres. “Fenergan” y “ValeJAV” sobre mi inocente artículo navideño. Dado que Carlotta no sabe pronunciarse todavía bien, les hace unos gestos expresivos según la foto adjunto para terminar el tema:

Saludos Frank Mayer

P.D. Espero que sigan disfrutando de mis laboriosos textos.


Estimado Frank:
Sabes que leo tus artículos como sumo agrado, entre otras cosas, porque sueles documentarte muy bien y sé por experiencia propia el esfuerzo que esto supone y en los errores en que muchas veces tropezamos, o nos hacen cometer, las fuentes consultadas. Nadie está exento de ellos y la historia tampoco. Equivocarse es de humanos y rectificar también.
Lo que verdaderamente ha llamado mi atención es tu artículo sobre la personalidad de Emil Joseph Diemer y el debate, "incomprensible", desde mi punto de vista, que el mismo ha suscitado. Sobre todo, por parte del señor Fernández-Egea.
Sin duda, dicho señor ha buceado profundamente en la red y ha encontrado muchísimos datos acerca del pasado de Diemer y que yo, no pongo en duda lo más mínimo. Pero tampoco pongo en duda, que la "caña" que te da me ha parecido desproporcionada y, hasta cierto punto, innoble. Y más adelante, me tropiezo con una nota que aún me deja más confuso y más perplejo, y es la firmada por el señor Arias Velasco donde habla de "hacer apología de un nazi". Dado mi escaso intelecto, he repasado tu artículo varias veces buscando siquiera un ápice de dicha "apología" y sólo me he encontrado citas del personaje en cuestión y de cómo llegó al ajedrez. Y sigo sin ver la apología nazista...
En Literatura hay una regla que dice que "fondo y forma" no pueden estudiarse por separado. En ajedrez, como en cualquier otro deporte y/o profesión, sí se pueden estudiar y juzgar por separado, hombre y/o deportista/profesional. Y lo que aquí ocurre es que estamos mezclando peras con manzanas creando una confusión en el pesaje y a la hora del pago. ¿De quién hablamos del Diemer como persona o del citado como jugador de ajedrez? ¿A quién de los dos juzgamos?
En el año 71 encontrándome en París, me tropecé con Coppola en un café. Por entonces se encontraba rodando aún "El Padrino" y sabía muy bien de mi admiración por Marlon Brando. Cuando le pregunté por el mismo me respondió: "Como actor es el mejor. Como persona, un indeseable".
Si fuese abogado y tuviese que defender a Diemer como persona, y aún sabiendo a ciencia cierta que cometió delitos, recurriría a todo tipo de argucias para demostrar su inocencia y aumentar no sólo mi status profesional sino también, por qué no, mi caché. Pero si tuviese que juzgarlo como ajedrecista, esto sería harina de otro costal.
A mí me interesa el ajedrez como juego-deporte-ciencia y lo que el ajedrecista pueda crear o aportar al mismo. Por tanto, todos aquellos que de alguna manera lo han hecho, deben figurar en "Ajedrez y Cultura" independientemente de si era nazis, o de las enormes estampidas de búfalo que se cogía Alekhine, hasta el punto de mearse encima, o de los amoríos de Capablanca y otras tantas sandeces que tan flaco favor le hacen a Caissa. Esto ya sería un añadido y un complemento en el supuesto caso de que fuésemos a escribir la biografía de cualquiera de ellos.
Pero si en este noble juego dar jaque mate al rey es lo prioritario, y dentro de los diferentes estilos han existido y existen, auténticos "killer", y Diemer con su Gambito en su época lo fue, entonces habría que incluirlos en "Ajedrez y barbarie" en el mejor sentido de la palabra. Y yo hace muchos años que me subí a ese tren donde viajaban Korchnoi, Tal, Larsen, Fischer y tantos otros. Por eso, cuando publiqué mi libro, lo titulé "AL ENEMIGO, ¡ NI AGUA!", porque cuando me siento a jugar una partida, si puedo estrangular o asfixiar a mi adversario a las primeras de cambio, lo hago. Y al final, cuando concluya la partida, nos tomamos juntos todas las copas que queramos.
No sé si en los artículos de estos señores, a los que respeto y a los que pido que no vean en mis palabras insulto alguno, no dejan entreveer un leve atisbo de racismo, desgraciadamente, tan de moda hoy en día.
El ajedrez está como está porque hay una serie de señores incompetentes que aparte de generar confusión no saben todavía que el tablero se compone de 64 casillas. No veamos, entonces, casillas de más y no echemos más leña al fuego. Debatamos sobre ajedrez. Debatamos sobre si el juego de éste es mejor que el de aquél. Elijamos o no, según nuestro estilo de juego, el Gambito Diemer o lo que sea. Fuera de esto, entraríamos en otro terreno con perdidas de tiempo.
Y para terminar, permíteme que concluya con un viejo cuento ruso donde yo creo se recoge todo lo expuesto aquí.
Jugaban dos ajedrecistas por correspondencia. Uno estaba completamente perdido y no encontraba la manera de ni siquiera hacer tablas. Así que para ganar tiempo, despistar o crear confusión en el contrario le envió su jugada. El adversario al abrir el sobre se encontró con Ah9 y le respondió lo siguiente:" Camarada, su alfil con su jugada, se va fuera del tablero".
Estimado Frank, contra viento y marea, y si los molinos no te rompen la cabeza, que a buen seguro creo no la tienes cuadrada, sigue escribiendo.
Un abrazo
Petronio Pérez

Nazismo y salsa rosa

De los tres e-mails que, en mi desmesura, me dio por enviar en diciembre, el único que ha provocado alguna reacción ha sido, mira por dónde, el que menos me interesaba. Otra vez estamos estancados en lo mismo, en un cenagal de egos ofendidos. Lo penúltimo ha sido lo de don Petronio quien, sin cortarse un pelo, me trata de “innoble” y de casi racista, eso si, sin que deba yo ver en ello insulto alguno. Un poco más abajo todavía nos informa sobre su peculiar concepción de la semántica al referirse a la barbarie “en el mejor sentido de la palabra” (sic) (¿cuál será el mejor sentido de la barbarie?) En fin, la finísima distinción que hace entre jugador y persona (¿cómo no se me habrá ocurrido?) me parece muy apropiada. Aplíquela ahora al señor Mayer y distinga entre la persona y el escritor de artículos. A ver si así “comprende” algo y se calma. Releyendo su correo debo concederle que tiene usted razón cuando afirma que este debate le parece “incomprensible”. En efecto Don Petronio, es más que evidente que no ha comprendido usted nada, de ahí que le parezca incomprensible, y no vea por favor en mis palabras ofensa alguna. Pero apartemos la maleza y vayamos a lo que interesa o debería interesar.

En primer lugar dejar claro que no siento hacia el Sr. Mayer la más mínima animadversión u hostilidad, al contrario, al no conocerlo personalmente solo puedo conjeturar qué clase de persona es, pero estoy seguro que se trata de alguien que ama el ajedrez y que se divierte escribiendo o traduciendo artículos sobre su historia. Artículos que, en general, tienen su interés y hasta su gracia. A veces, sin embargo, el Sr. Mayer mete la pata, y la mete en temas bastante sensibles. Una buena prueba de ello fue un corto rifirrafe hace unos meses a propósito de la religión musulmana. No se si tuvo usted ocasión de seguirlo pero le aseguro que el Sr. Mayer no ofreció en él su mejor cara. Hasta el gran hermano le llamó la atención. Tanto entonces como ahora lo único que hice fue ofrecer unos datos a quienes leen esta página web que completaban y, hasta cierto punto, cuestionaban lo dicho por el Sr. Mayer. Que luego éste tenga por costumbre no hablar más del tema en serio y no atine más que a hacer gracietas, argumentar “ad hominem” o, últimamente, parapetarse tras recién nacidos, ya no es culpa mia.

Apartadas también esta brozas, me sigo preguntando, como hice desde el principio, hasta qué punto puede uno hablar sobre la biografía de alguien, sea ajedrecista, fontanero o portero en un burdel y no mencionar hechos esenciales. La opción, como señala el amigo de Coppola, es no hablar de la biografía. Así, podemos reducir a los ajedrecistas a un nombre, dos o tres fechas y una colección de partidas. De acuerdo entonces. Pero una vez hemos tomado la decisón de hablar de su vida entonces y necesariamente vamos a seleccionar los hechos, esto es, lo que contemos o queramos o debamos contar y lo que no. Yo no creo que los actos humanos tengan todos el mismo valor, estoy convencido de que hay unos más relevantes que otros. Por ejemplo, y sigo diciendo, si hemos decidido glosar las vidas de los ajedrecistas, no es posible hablar de Botwinik sin mencionar su compromiso con la revolución bolchevique y con el estalinismo, ni de Najdorf sin su trágica peripecia vital, ni de Pomar y el triste destino de haber nacido en un país tan despiadado como el nuestro, o del joven Junge y soslayar su nazismo (ni siquiera el Sr. Mayer lo hace en este caso) Obsérvese además que Mayer no dice que el dato que yo ofrezco sobre Diemer sea irrelevante o impertinente, con una honestidad que le honra lo único que dice al respecto es que “lo ignoraba”.

Comprendo que alguien que confiesa que defendería a un criminal a sabiendas de su culpabilidad para tratar de hacerlo pasar por inocente, y así “aumentar no solo mi status profesional sino (..) mi caché” (sic) tenga una visión de la ética algo distorsionada. Esta distorsión se patentiza luego al darle igual importancia a la pertenencia al partido nazi que a los problemas con el alcohol o a la salsa rosa. El autor de “al enemigo, ¡ni agua!” comprenderá que quienes todavía creemos que hay algo así como una visión moral del mundo pensemos de otra manera.

No quiero terminar si hacer todavía un par de puntualizaciones. La primera. La palabra “héroe” de mi primer escrito debe ser entendida como “modelo de conducta” o “ejemplo”. No quiero decir con ello que el señor Mayer se reconozca en Diemer, sino que lo considera lo suficientemente ejemplar como para dedicarle un artículo. La segunda es que Emil-Joseph Diemer nunca fue un “killer” o, al menos, lo que se conoce normalmente como tal. Diemer no fue un gran ajedrecista y nunca sobresalió como tal en la escena internacional. Basta consultar el Chessbase para confirmarlo. El interés de Diemer proviene de su controvertido gambito y su peculiar personalidad, tan llena de claroscuros, no de su fuerza como ajedrecista.

Queda, por último, otra salida para todo esto. Como, a fuerza de repetirnoslo, ya casi todo el mundo está convecido de que vivimos en una democracia y gozamos de esa ambrosía llamada libertad de expresión, podemos dejar que cada uno diga lo que le parezca, sin atender ni a razones ni a argumentos, que todos “opinen”, ya que todas la “opiniones” son “respetables” y “tienen el mismo valor” , como tampoco se cansan de señalarnos los centinelas de la corrección política, siempre alerta, y que lo que debería ser un debate fructífero que nos permitiera a sacar algunas conclusiones útiles, siga siendo un cúmulo de monólogos más o menos desatinados dirigido, en última instancia, a reparar heridas narcisistas. Desde mi vaso medio vacío (concédanme al menos que sea Lagavulin -18 años-) brindo con los participantes en esta escaramuza, en la esperanza que no sea ese nuestro amargo destino.



A. Fernández-Egea

Sr. Fernández-Egea,
en su última aportación al tema de DIEMER, que le preocupa constantemente (debe ser día y noche) y con el título “Nazismo y salsa rosa”, cita Ud. mi nombre 8 (en palabras ocho) veces. ¡Enhorabuena!
Para mi significa esto un honor, a pesar de que – como confiesa – no me conoce personalmente.
No faltaba más, le adjunto una nueva imagen mía, brindando por la caballerosidad en el ajedrez:

¡Nunca tuve un aspecto tan atractivo!

Solo quiero referirme a su comentario sobre un presunto “rifirrafe musulmán” por mi parte.
Esto no puede ser por tener un excelente contacto con el Osama
a través del nuevo satélite “Philidor”. Le tengo que confesar, que sí existe una discrepancia agria por el número de chicas vírgenes que me debe conceder, una vez entrado en el paraíso. Sin embargo, siempre quiere reducirme la cantidad. ¡Vaya tío!
Si Ud. habla del Gran Hermano, supongo que se refiere a George, el Presidente.
Ahora bien, en sus próximos textos le ruego, que no me llame más por mi apellido usual por empezar a aburrir, si no por los nuevos apodos que me han dado cariñosamente mis nietos/as:
A partir de ahora me llamo: “Abuelo Ding-Dong” o “Abuelo dubi-dubi-du” (en alusión a una famosa canción de Frank Sinatra).
Entonces, me quedaré contento.
Saludos Frank Mayer

 

 

  


 

 

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