Modernidades

La introducción del nuevo ritmo de juego (90´+ incremento de 30´´ por jugada) debe ser juzgada desde diversos puntos de vista que, fundamentalmente, pueden reducirse a dos: El de los directivos u organizadores y el de los jugadores. Entre el primer grupo hay opiniones diversas y para casi todos los gustos. En el segundo, en cambio, la unanimidad es absoluta: el nuevo ritmo dificulta enormemente jugar con precisión la última fase de la partida, se trate de un final o de un complicado medio juego y, por lo tanto, rebaja la calidad de nuestro ajedrez. Hay, sin duda, jugadores que están a favor de la introducción de este ritmo de juego, pero no existe nadie que crea que este ello vaya a mejorar la calidad de las partidas. Los argumentos que se dan a favor del “ritmo FIDE” –así creo que se le denomina - son de tipo administrativo, (la sesiones de juego se acortan, lo que facilita la tarea de árbitros y organizadores); la obligatoriedad de anotar, (lo que esta vez favorece solamente a los árbitros); la lotería del “Blitz”, en la que “puede pasar cualquier cosa”, a menudo en la fase crucial de la partida, lo que suele dar al traste con el esfuerzo de casi cuatro horas de concentración, (argumento muy del gusto de jugadores no demasiado convencidos de su fuerza). Pero, de nuevo, lo que me interesa resaltar es una cosa: nadie defiende que este ritmo ayude a jugar mejor al ajedrez. Ninguno de los argumentos que se evocan para defender la introducción del nuevo ritmo tiene que ver con el ajedrez visto desde el “interior”, todos contemplan el juego desde fuera.

En los últimos años hemos soportado sin rechistar decisiones de la FIDE encaminadas, nos decían, a “dinamizar” el ajedrez, a “modernizarlo”, a “rejuvenecerlo”. La coartada para imponer tales reformas sobre cuestiones esenciales que no habían sido tocadas en toda la historia moderna de nuestro juego, era “atraer inversiones” en forma de publicidad, derechos de retrasmisión etc... otra vez lo de siempre, más dinero. Quizá sea hora de hacer balance. A quién se interese por el tema, le recomiendo que se lea las cartas del GM Korneev a ese propósito publicadas en esta misma página no hace mucho. Salvo el beneficio, más que evidente, de los fabricantes de relojes digitales, ¿quién se ha beneficiado de la introducción de los nuevos ritmos? (escribo en plural porque esa es otra, lo que ya no hay es un tiempo unificado, lo que hay es un caos que, y esa es mi tesis, perjudica al ajedrez y a su práctica con un mínimo de calidad a nivel competitivo) El modelo “ejecutivo agresivo”, tan caro a nuestra ideología dominante, ha llegado a las 64 casillas de la mano de nuestro bienamado líder kalmikio, y no parece que en un horizonte cercano vaya a desaparecer. El problema es que, en mi opinión, dicho modelo no parece encajar con lo que es el ajedrez. Incluso iré polémicamente más lejos, no parece encajar con lo que debe ser el ajedrez.

En la práctica, la introducción del nuevo ritmo se ha concretado en la desaparición del famoso “control de la jugada 40”. Esta traumática decisión ha modificado la concepción entera de la partida, pues sabemos ahora que, una vez llegados a los apuros de tiempo, ya apenas si tendremos ocasión de salir de ellos. Antes, el respiro que proporcionaba haber pasado el control, nos regalaba casi la sensación de empezar una nueva partida y, si la situación era poco clara, nos permitía armarnos de coraje para encarar una massadiana defensa o buscar los recursos más precisos para culminar con éxito un ataque que, nos decíamos, debía ser ganador. Todo esto se ha perdido, “como lágrimas en la lluvia”, y no creo que el testimonio de maestría en los finales de un Rubinstein, un Capablanca o un Karpov, hubiera podido ser posible jugando con un ritmo tan despreciativo hacia las que deberían ser virtudes principales de nuestro juego: paciencia, precisión, objetividad, etc...

Jugar peor no hace más atractivo al ajedrez y parece mentira que a estas alturas todavía tenga uno que dedicarse a enunciar semejante obviedad. La mayoría de las modificaciones de ritmos o sistemas de juego encaminadas a “dinamizar”, esto es, “acelerar” la toma de decisiones durante una partida (partiendo de la infantil asociación lento = malo, rápido = bueno) esconden en el fondo una verdad muy incómoda. Al parecer, para la mayoría de nuestros directivos u organizadores de eventos, con el ajedrez solo no basta, hay que añadirle algo más, algo que lo haga “vendible”, deseable como producto, casi “sexy”. El pobre no puede valerse por sí mismo, así que dejemos entonces a los “expertos” en marketing, a los quienes el juego les importa una higa, que se hagan cargo de “ponerlo al día”. En el fondo todos ellos apuntalan el prejuicio del hombre de la calle que lo ignora todo del juego, al que le da igual ignorarlo, y que vive convencido de que el ajedrez es un asunto aburrido, casposo, de “freaks”.

¿Pero en qué manos estamos? ¿Para quién se está legislando? ¿Se toman decisiones de semejante trascendencia con un mínimo de transparencia o democracia? ¿Se beneficia la práctica del ajedrez de tales decisiones? ¿Se beneficia alguien? Y ¿Qué hacer? ¿No deberíamos, para empezar, simplemente quejarnos, hacer que “nuestro clamor llegue hasta ellos”?

Modestamente y desde aquí, les invito a hacerlo.

A. Fernández-Egea

Me temo que sus peticiones de "levantamiento popular", si se dirigen a organizadores, van a caer en saco roto.

La FIDE no ha hecho más que modificar el ritmo de juego de la mayoría (no todos) de sus torneos oficiales, introduciendo el incremento de tiempo desde hace ya bastantes años, y en segundo lugar (esto ha tenido más impacto) ha rebajado el tiempo mínimo para que un torneo sea homologado. Esto es lo que, creo, ha desencadenado la implantación del ritmo con incremento en todos los opens. Esto, y un poco de ayuda de la FCDE, que por real decreto lo ha impuesto en el por equipos, y ha dado como resultado la disponibilidad de relojes digitales en todos los clubs, muy rápidamente.

Nada obliga pues, a los torneos del circuit, y demás en catalunya, a bajar el ritmo de juego. Podrian seguir jugando a 2h 40j + 1h finish, sin embargo casi todos los organizadores (entre los que me incluyo) nos hemos volcado al incremento de tiempo (creo que para irnos antes a casa, sinceramente).

Como jugador, coincido con usted en que es una lástima que se pierda, por completo, la emoción del control y del finish. Sin embargo, le veo difícil resurrección, sobretodo al finish. Mucho más justo parece introducir un incremento de tiempo en cualquier tipo de ritmo de juego (con control o sin él).

Coincido también en que la dirección que está tomando la fide es muchas veces muy extraña y, en sus palabras, "no parece encajar con lo que debe ser el ajedrez". Por ejemplo, en las decisiones de sancionar explícitamente el "no dar la mano" o hacer lo propio con el "ring" de un teléfono móbil. Algo que ya era del todo sancionable, y que la nueva reglamentación no hace más que ensuciar el reglamento. Pero no incluiría entre estas la reducción del tiempo mínimo para homologar un torneo.

Creo que esta decisión es "buena" en general, aunque quizá haya sido empobrecedor que todos los torneos hayan reducido drásticamente el tiempo de reflexión. Nótese que algunos opens ya se autocorrigen, por ejemplo banyoles dá más tiempo del mínimo permitido, y otro ejemplo sants no ha modificado realmente el tiempo de juego, cambiando solo tiempo fijo por incremento, pero dejando la sesión en 6 horas de juego.

Discrepo también de que la reducción del tiempo vaya en detrimento de la calidad del juego. Quizá sea cierto para el jugador que no hace nada para adaptarse al nuevo ritmo, porque claro, respecto a 90m+30s supone una reducción de una hora de promedio. Sin embargo, ante esta reducción drástica del tiempo (-33%) deberíamos haber reaccionado con una mayor preparación en las tres fases del juego. Si esto nos hubiera motivado, en general, a prepararnos mejor aperturas, planes o finales, en realidad redundaría en una mayor calidad del juego en las partidas.

Sin embargo, debo reconocer que yo estoy en el grupo de jugadores que para adaptarse al nuevo ritmo han dejado de irse al bar a media partida, así he conseguido, creo, jugar igual de mal con el ritmo nuevo que con el de antes.

Un saludo,

-- Carles Otero

Juego al ajedrez federado desde 1990, y no he visto tantos ritmos de juego como muchos de ustedes. No obstante, yo defiendo el 90’ + 30” como el mejor que he jugado hasta ahora.

En primer lugar hablemos de la calidad de la partida. No se si ese debiera ser el objetivo final buscado, varios años atrás quizás si, pero hoy en día, para calidad tenemos los programas informáticos, discúlpenme los GM. Aún así creo que el 90’ + 30” da partidas de más calidad, sobretodo en la fase final.

Miren, una de las cosas que siempre me ha disgustado es ver como una partida que está totalmente decidida y fácil de ganar, acaba perdiéndose porque se ha caído la bandera. Y eso lo hemos visto todos y en todos los niveles, desde aficionados hasta maestros. Hemos visto en los apuros de tiempo piezas caerse, apretar el reloj cuando no toca, broncas porque uno de los jugadores ponía una pieza entre dos casillas, o jugaba antes de recomponer la posición. Y en todos los ritmos, en partidas de 5 minutos y también en sesiones de 6 horas y media, porque el finish acababa llegando igual. Eso si era tirar por la borda el trabajo hecho durante más de 6 horas.

Ahora esto no pasa, quien tenga la partida ganada por posición, si no la acaba ganando, ya no puede culpar al reloj por ello.

La calidad de un ajedrecista no se supera en la partida, sino en casa, preparando aperturas, táctica, estrategia, técnica y finales. Quien trabaja en casa no suele verse desbordado por este nuevo ritmo.

Otros aspectos que han mejorado con este ritmo es la formalidad de los jugadores. Creo haber visto en estos últimos años como la gente llega más a la hora de empezar, los bares están menos poblados, los jugadores comentan menos los partidos del Barça y el Madrid y están más en sus asientos. Años atrás no era raro ver una posición en un tablero y los jugadores ausentes los dos, como anécdota recuerdo como un par de jugadores se encontraron una interesante posición en un tablero y después de estar un largo rato discutiéndola, dando por sentado que ya se había decidido, se sentaron a analizarla, hasta que vinieron los propietarios de la misma y se encontraron sus asientos invadidos.

Otras ventajas, el reconciliar la afición del ajedrez con la vida familiar, el no tenerte que comer la paella pasada, el poder dormir un poco más el domingo o tener tiempo de hacer un vermouth con el rival después de la partida. También podrían posibilitar la organización de torneos de ronda diaria que empiecen a partir de las 8 de la tarde, y así no tener que sacrificar la mitad de unas vacaciones para jugar un torneo o montarte un horario extraño en el trabajo. ¿Algún organizador ha pensado en ello?

Saludos, Josep Lluís Turuguet López.

 

 

 

 

  


 

 

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