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 Actualizado con fecha: 22/01/2013 07:58:57

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Segunda edición

© Joseph Victor Rahal – 2012

Editorial – Lulu.com

Fuente Tipográfica - Verdana 10

 

 

istorias de jedrez

 

Por

Joe Rahal

 

A la Caza del Rey

 

Dedicado

a todos los animales,

especialmente a los que

nos hacen sentir humanos.

 

 

 

 

 

 

 

1.

Preámbulo

77

2.

¿Puede un Elefante Vengarse?

79

3.

La Caza Real

83

 

Post Data

87


 

 

 


 

 

 

-1-

Preámbulo

 

 

Hace escasas semanas, España se despertó con una noticia, digamos, ‘inquietante’, por no usar palabras más contundentes. Su monarca, Presidente Honorífico de WWF- España (antes WWF/Adena, ONG dedicada a, entre otras cosas, la Conservación de la Naturaleza) había desvelado al mundo entero el lado oscuro de su personalidad. Seguramente, a muchos ciudadanos les habrá venido a la mente la celebre frase de Clint Eastwood en su película ‘Cazador Blanco, Corazón Negro’: “Es un pecado matar un elefante y por eso mismo quiero hacerlo más que cualquier otra cosa en este mundo.” De repente, todos veíamos el Rey con otros ojos y la figura que aparecía delante de nosotros era irreconocible.

 

El jefe del estado español, su máximo representante y responsable del país ante el mundo y el mismo pueblo, el último en una larga lista de ilustres, y algunos no tan ilustres, monarcas que han reinado aquí, con algunas interrupciones, desde 1700, nos desveló desde su verde escondite en otro continente una faceta poco elegante, por no pronunciar, repito, palabras mucho más contundentes: la de un  ‘Emela-ntouka’*  un paquidermicida, un contem-poráneo Hemingway, – sin su Nobel ni sus Novelas, eso sí, – en resumen, un simple MATADOR... de elefantes.

 

Imaginaos por un momento la escena del crimen. Una enorme, pacífica criatura, la más grande sobre la superficie de la tierra, cuyo gestación a tardado veintidós meses y que, debido a su colosal tamaño, carece de enemigos en el reino animal, está pastando plácidamente en una zona despoblada de la Sabana Africana, probablemente en compañía de otras de su especie, cuando de repente una bala viajando desde 100 a 150 metros, o menos, a una velocidad de unos 2.000 pies por segundo, atraviesa su inmenso cráneo desde un lado al otro, antes incluso de que pueda oír el disparo.

 

Probablemente se necesitó más de un disparo para derrumbar el mastodonte. Sus barritos de agonía se podrían oír a gran distancia, asustando y dispersando el resto de la manada, su familia, mientras que con, o sin, prismáticos el feliz cazador y su grupo de privilegiados estarían contemplado el lento e inglorioso desplome del espécimen elegido para el sacrificio. ¿Listos para la foto? (¡En ‘Matar un elefante’, George Orwell describe gráficamente cómo mató uno ‘para no parecer tonto’!)   

 

Me pregunto que calibre de rifle utilizó el monarca - ¿.458? - y a que distancia estaría realmente del animal... y cuántos otros rifles de similar calibre le apuntaban al mismo tiempo como medida de seguridad.

 

Pero no nos alejemos demasiado del tema principal.

 

-2-

¿Puede un Elefante Vengarse?

 

 

De todos es bien sabido que los elefantes tienen una memoria muy desarrollada y que nunca, nunca olvidan el daño que les han hecho… ni quién se lo hizo. Si no, que se lo pregunten a los domadores.

 

Lo que no se sabía es que la venganza no necesariamente se lleva a cabo por el animal que la sufrió. ¿Cómo, si no, iba poder vengarse un elefante muerto?

 

Pero este mundo es tan extraño, y suceden tantas cosas que no tienen interpretación razonable, que sería presuntuoso por mi parte intentar explicar cómo y por qué me vi involucrado en la larga persecución que acabó con un reinado. Sin embargo, lo que sí puedo contar es qué ocurrió, dónde ocurrió y cómo ocurrió.    

 

Hace poco, tuve ocasión de participar en un torneo semanal y, en la cuarta ronda, sin haberlo planificado de antemano, se presentó ante mí la oportunidad de saciar ese profundo deseo de venganza que, seguramente, nuestros queridos ‘Dumbos’, ansiaban. ¿Por qué? No tengo respuesta. Solo puedo decir que el plan se urdió en mi mente poco después de comenzar la partida.

 

¡Ay! Pero les oigo preguntar: ¿Qué tienen que ver los elefantes con el ajedrez o, puestos a inquirir, con el Monarca?

 

Bueno, la segunda pregunta es fácil de contestar. Después de todo, nosotros, los jugadores de ajedrez, nos dedicamos a perseguir al rey enemigo y, si podemos, a matarle mediante un jaque mate ¡que es nuestra máxima satisfacción!

 

En cuanto a los elefantes, debemos regresar en el tiempo para entender la conexión. En el siglo XVI, la Torre se representaba por un elefante con una torre en el lomo. Sin embargo, no era fácil esculpir un elefante, así que desapareció el animal y, en su lugar, quedó solo la Torre que conocemos tan bien.

 

 

Seguramente habrá otras explicaciones igual de válidas, pero yo me quedo con ésta ya que encaja a la perfección con mi relato.

 

La partida pues empezó una calurosa tarde de un soleado fin de semana en una bonita villa milenaria situada en las faldas del Montserrat, en Catalunya, España. La villa es mundialmente famosa por la representación anual de ‘La Pasión’ que organiza y en la cual participan unos cuantos centenares de personas, entre lugareños y vecinos de otros pueblos. Sus orígenes se remontan al siglo XVI y se celebra durante 10 domingos, desde febrero al 1 de mayo, en un teatro construido expresamente para este acontecimiento.

 

La planta que da nombre a este pueblo pertenece a la familia de Asparagacea y, en épocas remotas, ya se encontraba allí en abundancia.

 

Además, la cerámica ha jugado un papel fundamental en la economía de esta localidad gracias a los dos tipos de arcilla que se encuentran en las inmediaciones, la refractaria – de Roques Blaves - y la más fina – de Casanova. Los artesanos tradicionales de Esparreguera han sabido combinar estas dos modalidades con excelentes resultados.

 

Tal y como lo exigía el lugar, puedo certificar que hubo mucha ‘pasión’ por mi parte en esta partida.

 


 

 

-3-

La Caza Real

 

 

Llegué pronto a la sala de juego y constaté que jugaba con blancas en el tablero 14. Mi mesa estaba situada contra la pared debajo de una larga fila de ventanas a unos dos metros de altura y que no medían más de 50cm. x 30cm., pero que dejaban entrar mucha luz. La sala no era muy grande, tal vez veinte metros por diez, y no cabían todos los tableros, de modo que algunos jugadores tenían que jugar en la planta superior. Las condiciones de juego, sin embargo, eran buenas; mejores incluso que algunos torneos de más presupuesto.

 

Llevaba un punto de tres, habiendo ganado solamente la segunda partida ¡contra una niña de nueve años! Mi plan era jugar con cautela y evitar las jugadas arriesgadas que me habían producido disgustos en las partidas previas.

 

En el tablero de al lado, jugando con negras y también esperando a su rival, estaba sentado un jugador del Club d’Escacs Cervelló. Charlando, descubrí que tanto su rival como el mío eran del mismo club que él: el C.E. Cervelló. ¡Me sentí acorralado! Es posible que fuera allí y entonces, sintiéndome como un animal atrapado, que, sin darme cuenta, empezó a germinar la semilla de la venganza.

 

Llegó mi contrincante y, después de las formalidades, muy cordiales, por cierto, y la señal del árbitro, comenzó la partida. El silencio habitual rodeaba el ambiente, como es de costumbre en este tipo de encuentro. Solamente se podía oír el apretón de los relojes, el rascado de los bolígrafos sobre las planillas, el contacto de las piezas de madera sobre los tableros y el movimiento ocasional de alguna silla; nada a lo cual no estamos todos acostumbrados.

 

José, mi rival, empleó una especie de defensa moderna, la Rosbatsch – B06, a la cual no me había enfrentado nunca. Tuve que invertir bastantes minutos en la apertura para no cometer errores graves. He aquí los primeros movimientos de la partida: 1.e4 g6, 2.Cc3 Ag7 3.d4 d6 4. Ae3 Cd7 5.Dd2 b6 6.Ac4 e6 7.Cge2… a lo cual mi adversario respondió con 7…c6, jugada que no comprendí muy bien ya que, a mi entender, retrasaba mucho el desarrollo de las negras. En mi análisis posterior, no encontré ninguna partida con este movimiento. Las tres partidas que vi en internet, la más reciente del 2004, continuaban con la jugada natural Ab7.

 

De repente, alguna neurona en mi mente se activó. Fue como si de pronto había recibido un mensaje codificado que rápidamente transmitió a las demás. Tardé varios minutos en entender que debería apartar la cautela con la cual había planteado la partida y aprovechar el retraso en el desarrollo de mi rival para lanzarme contra la barricada de peones que había estado erigiendo, - incluso a costa de sacrificar algún peón, - para intentar perforarla y abrir paso para la torre… ¡qué digo!... el elefante que esperaba con impaciencia en f1.

 

8.f4 b5 9.Ab3 a5 10.a3 Aa6 11.0-0 Ce7. 12.f5! Primer reconocimiento del territorio enemigo, con el punto de mira en f7.   12… gxf 13.exf Cxf. ¡Bueeenooo! Por fin el mensaje codificado había sido descifrado y había quedado claro. Tuve entonces la certeza de que se me había confiado una misión sagrada y que no podía rechazarla.  

 

Oliendo sangre, mi elefante blanco quiso precipitarse en un ataque suicida contra uno de los guardaespaldas reales, pero conseguí frenarle el tiempo suficiente para amenazar la dama e intentar desplazarla (¿a Grecia tal vez?) 14.Ag5 Db6.

 

 

¡Ahora sí! 15.TxC! exT 16.De3+ Ce5! 17.Cg3 0-0 18.Cxf5 Cg4? 19 Df4 Ac8 20.CxA…, derribando por completo el segundo guardaespaldas real. 20… RxC  21.h3 h6. ¡Y ahora a por el tercero! 22.Ae7 Ce5 23.AxT… Misión cumplida.

 

Con el rey negro aislado y el peón ‘h’ a punto de caer había recuperado la calidad con ganancia de un peón y un camino despejado hacia el rey contrario. Además, el caballo de e5 seguía siendo atacado.

 

23…RxA 24.Dxh+ Re7 25.Dh4+ Rf8. Ahora, sin embargo, tocaba ser prudente y desclavar mi rey antes de entrar en la fase final de la caza mayor. 26.Rh1 Cc4? 27.Dh8+, tocando al mismo tiempo la corneta, llamando a mi segundo paquidermo para reclamar su venganza final. 27… Re7 28.Te1+  ¡A la caza del monarca!

 

28…Rd7. Pero, primero unos preparativos. 29.De8+ Rc7 30.Dxf+ Ad7 31.AxC bxA 32.Dxc Db7 33.b3 Th8 34.Rh2 Dc8 35. Cd5+ Rb7 36.Cf4 Df8 37.d5 Df6 38.dxc+ Axc. Y ahora, con la trompa bien alta y el suelo temblando bajo sus pies, el vengador cargó, cegado por la furia, contra el desalmado que mató a su fiel pareja. 39.Te7+ Rb6 40.Dd4+ Ra6 41 Ta7+, amenazando aplastar a Su Real Majestad bajo sus más de cinco mil kilos paquidérmicos.

 

Con su reina al otro lado del tablero, su torre incluso más alejada y su infante demasiado lejos para ayudar, el monarca tembló y, ante la inevitable muerte que le esperaba en b5, optó por pedir disculpas y abdicó.

 

¡Bueno, esto último lo hizo en mi partida!

 

FIN

 

*Por cierto, para conocer al ‘Emela-ntouka’ puede visitar este link:

http://es.wikipedia.org/wiki/Emela-ntouka

 

Post Data

 

Que el rey haya cometido un desliz no es en si mismo ninguna catástrofe para el país.

 

Claro que un elefante pesa mucho, pero en la balanza de la historia pesaran mucho más los actos del monarca a favor del país, la democracia y, sobre todo, la reconciliación.

 

Otra cosa es que tenga unos inútiles como asesores que parecen no sintonizar con la ciudadanía y que no supieron valorar el daño que le produciría su particular partida africana. Esos, sí que hay que echarlos… y cuanto antes y más lejos mejor.

 

 

Descargar la Versión Digital en: www.lulu.com/spotlight/joerahal €1.99

 

Contactar con el autor por e-mail:

joesabadell@yahoo.es

 

 

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